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Si decimos que en el mundo hay 1.200 millones de personas infestadas por Ascaris lumbricoides, o que 200.000.000 presentan Giardia sp, o que 1.500.000 mueren de Paludismo por año: el equivalente a CINCO ciudades del tamaño de BAHIA BLANCA desaparecen de la faz de la tierra por año, y nadie parece enterarse, o que hay 350.000.000 de parasitados por Schistosoma, quizás nos parezca que son números que pertenecen a “otros mundos”, pero, si a modo de ejemplo, mencionamos que, según datos de relevamientos hechos por el autor mostraron que en la sureña ciudad de Bahía Blanca los índices de infestación parasitaria oscilaban entre el 43% en la zona céntrica de la ciudad y el 92% en escuelas de áreas periféricas, que en la provincia de Tucumán, en 1976 encontramos tasas de parasitismo intestinal, solamente, del 66% al 85% con un 30% de personas con más de un parásito (en algunos casos hasta cinco) y que estos números se repiten a lo largo y ancho del país en estudios realizados por diferentes investigadores, lejos de sembrar el miedo en el lector, estimo que nos vemos obligados a efectuar una seria reflexión y replanteo de nuestra tan mentada “calidad de vida” y a los “factores ecológicos” que predisponen o facilitan la diseminación de los parásitos entre los hombres o de los animales a éstos. La información es la mejor prevención. Muchas veces, la presencia del parásito dentro de nuestro organismo puede no producir molestias, ni dar síntomas ni evidenciar signos, pero, si no se eliminan o se destruyen rápidamente mediante la medicación adecuada prescripta por un médico, seguramente en algún momento se reproducirá, en el caso de que se pueda reproducir dentro de su hospedador, y alcanzará cantidades importantes, produciendo la verdadera enfermedad parasitaria. Además, mientras ello ocurre, podremos, en muchos casos, ser nosotros los que diseminemos el parásito e infestemos a nuestros familiares o amigos. Descargar todos los artículos de esta sección aquí  Plasmodium falciparum |