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Las Tenias: Las Tenias son gusanos planos, acintados y que pueden medir desde pocos centímetros hasta varios metros (8 a 10).
Las Tenias grandes, tienen una “cabeza” muy pequeña, del tamaño de la cabeza de un alfiler, la cual se fija a la pared del intestino através de ventosas, como sopapas o por sus ganchos, y a partir de esa cabeza comienza a recer su cuerpo acintado, semicortado (como el troquelado del papel para computación) donde cada segmento puede medir, en estas Tenias grandes, hasta uno o dos centímetros de largo. Las Tenias llamadas “grandes” del hombre son: Taenia solium (la llamada solitaria) y Taenia saginata, las que miden varios metros de largo. Ambas se encuentran en el intestino de niños o adultos, produciendo alguno de los siguientes síntomas: cefaleas, anorexia, nerviosismo, perturbaciones del sueño, etc. Por la materia fecal de la persona infestada se pueden eliminar “pedacitos” del parásito, que contienen en su interior miles de huevos, que son capaces de infestar el lugar a donde caen: tierra, agua, verduras, etc. En el caso de Taenia saginata, los pedacitos, llamados proglótides, del parásito, pueden salir solos por el ano y, de esta manera una persona puede encontrarlos en su ropa interior por la mañana, al levantarse, o bien, al estar cómodamente sentada en su casa, o hablando con otra persona, sentir una desagradable sensación cuando estos pedacitos (proglótides) del parásito atraviesan el esfínter anal. Estas situaciones son las que llevan al paciente a la consulta médica o psicológica. Cada proglótide contiene en su interior hasta 100.000 huevos de Tenia, y de a uno o en grupos, estos proglótides salen al exterior contaminando el medio ambiente. De esta manera, especialmente en el ambiente rural, puede producirse un foco de transmisión, infestando a las vacas en el caso de T. saginata y cerdos en el caso de T. solium. En estos animales, el huevo, una vez en su intestino, rompe su cáscara por acción de los jugos digestivos y el embrión que había en su interior se activa y se dirige a la musculatura de estos animales, quedando en los músculos formando una pequeña larva que se llama cisticerco. Cuando la carne de alguno de estos animales es consumida cruda o mal cocida, por el humano, el parásito que está en esa carne, pasa al intestino y allí se transforma en una Tenia adulta, que obviamente le cambiará la vida a esa persona, no solo desde el punto de vista físico sino también desde el psicológico. En el caso que la infestación del hombre se hubiese producido por T. solium (la tenia del cerdo), algún familiar o allegado, o el propio enfermo, o el médico o el bioquímico, podrían infestarse con los huevos de estas Tenias y en ellos, la infestación con los huevos produciría una Cisticercosis, enfermedad grave que generalmente afecta la vista y/o el cerebro, produciendo la llamada oftalmocisticercosis o la neurocisticercosis. En las guarderías, las personas que cuidan a los niños, cuando los cambian, podrían infestarse al igual que las mamás. Esto es particularmente grave. Esta larva, que mide algunos milímetros, alojada en el ojo o en el cerebro producirá lesiones que son riesgosas. Por lo expuesto, no está de más recordar la conveniencia de consumir carnes de vaca y cerdo bien cocidas y no defecar en otro lugar que no sea un baño. En caso de necesidad, enterrar profundamente la materia fecal, para evitar que los animales puedan tener contacto con ellas. Las personas que manipulan alimentos deberían efectuarse análisis de materia fecal anualmente a fin de descartar alguna de estas parasitosis, ya que ellos son una demostrada e importante fuente de diseminación. Para el caso de las Teniosis, la contaminación de los alimentos con los huevos del parásito revisten una gravísima importancia. De esta manera se cortará la cadena de transmisión de la enfermedad y así se mejorará nuestra calidad de vida y la de nuestro prójimo. Descargar todos los artículos de esta sección aquí |